LOS POLÍTICOS Y LOS DEBERES

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  Reflexiones desde mi tiza

Joaquín Moreno Cejuela

      Ahora andan los políticos muy preocupados con la tarea, también llamada deberes de los alumnos. Tratan de dar pautas eficaces al maestro sobre la organización de su trabajo. Tal vez, pronto ellos  regulen también el protocolo que debe seguir el cirujano en el quirófano, el catedrático en la universidad, el científico en la investigación y sugerir sentencias a los jueces.

            Recordemos que un político proviene, en su mayoría, de un partido al que se afilió en su juventud, medró por su voz y compostura y tras esa dura y sufrida carrera, hoy ocupa un sillón con potestad para decidir: dónde, cuándo, cómo y cuántos deben ser los deberes de mis alumnos. El profesor, con su preparación, experiencia y conocimiento del entorno, no está capacitado. El político, con ese don del que está dotado desde su más tierna infancia, sí.

            Bienvenidos los políticos a la escuela. Hace tiempo que les estábamos esperando. No para promulgar una nueva ley en cada legislatura y marear al profesorado, sino para proponer una igualdad de oportunidades, una financiación adecuada, un currículo atractivo y adaptado al mercado de trabajo…Eso sería mucho pedir. Desde los escaños donde se despellejan amigablemente antes de tomar juntos el aperitivo, ahora les entra un ansia irrefrenable por controlar  y cuantificar los deberes, que debe ser el mayor problema que hoy tiene el sistema educativo.

            Mientras ellos, fatigosamente, llenan su tiempo en estas disquisiciones, quien está en el aula ante los alumnos, quien prepara los temas y corrige ejercicios, quien atiende a los padres, quien programa los contenidos adaptados a las infinitas leyes educativas, quien les guía en visitas culturales, les evalúa y ayuda en su educación, es el profesor. Sin embargo, quien se ocupa, paternalmente, desde su sufrido escaño por los deberes, es su señoría.

              Sería bueno que los asuntos de escuela se traten en la escuela, con la gente de la escuela. Una normativa académica general, emanada de un parlamento, fruto del intercambio de consensos políticos interesados y, a veces inconfesables, sin tener en cuenta las circunstancias del centro, del alumnado, del entorno y contexto familiar, sólo provoca desánimo y desconfianza. Precisamente, de lo que está sobrado nuestro sistema educativo

            Al acabar el día me sacudiré las manos manchadas de tiza y entre la nube de polvo que desprenden pensaré en que Dios nos libre de todo mal, que de los políticos ya me libraré yo. Tal vez, también los maestros deberíamos cuidar, celosamente, los deberes de sus señorías y corregir sus ejercicios…poniéndoles nota, por supuesto.

 Joaquín Moreno Cejuela

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