LA SELECTIVIDAD A DEBATE

abaREFLEXIONES DESDE MI TIZA

Por Joaquín Moreno Cejuela

La prueba de matemáticas en la selectividad de la C. Valenciana  ha reavivado la polémica de la diversidad educativa en nuestra división territorial.

            Las competencias en educación no universitaria se transfirieron con Aznar en 1996. Se pensaba que esa era la solución mágica para prosperar en la diversidad. Y tanta diversidad hubo, que se crearon diecisiete sistemas educativos con currículos y contenidos diferentes en casi todas las materias. Cada cual tiende a resaltar aquello que le hace diferente y por ser diferente, se concluye que se es superior. En las Comunidades con lengua propia la diversidad es mayor y más relevante.

No solo existen diecisiete currículos diversos para los alumnos, con sus diecisiete criterios y pruebas de promoción, con libros de texto específicos para cada territorio. Además, se dan diecisiete modelos de jornada laboral para el profesorado, con sus sueldos y complementos desiguales; diecisiete ordenamientos distintos en la inspección educativa y en la admisión de alumnos. La distancia para pasar de Bilbao a Santander, de Lérida a Huesca, de Madrid a Guadalajara puede ser corta, pero para un alumnos o un profesor puede suponer la travesía del desierto…y sin agua.

            Ante esta Babel de la selectividad, (EBAU, EvAU, PBAU o PAU), uno más fruto de la anarquía del sistema educativo, salen algunos políticos alarmados proponiendo una “selectividad única para toda España”. Ellos que son los únicos responsables de haberlo alentado y de consentirlo. Una vez más, la educación se convierte en el arma arrojadiza que alimenta la tensión en el juego que entretiene a los gobernantes.

            Parece difícil ahora dar marcha atrás y suprimir competencias en territorios donde la escuela es el campo sembrado, ya con raíces profundas, difíciles de arrancar y donde se recogen manojos de fervientes votos.

            Al acabar el día, me sacudiré las manos manchadas de tiza y entre la nube de polvo que desprenden, pensaré en lo que dice la Ministra: “la uniformidad de las pruebas sería un empobrecimiento del currículo”.  Pues eso, sigamos “enriqueciendo” no con diecisiete sistemas educativos diferentes, sino con cincuenta, uno por cada provincia. Así, seremos más “ricos”. También más torpes.

Joaquín Moreno Cejuela

 

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