Por Joaquín Moreno Cejuela
Ha sorprendido la noticia de que los señoritos de Galapagar, Irene y Pablo, hayan elegido un centro privado para la educación de sus hijos. No debería extrañar que unos padres hagan uso de la libertad en la elección de centro garantizada en la Constitución. Lo chocante es que son los mismos que socavaron esa libertad para los demás, demonizando la enseñanza privada e imponiendo la pública por decreto.
Bienvenidos, Irene y Pablo, a la elección de centro, sin pedir permiso para educar a vuestros hijos donde queráis. Si habéis cambiado de opinión, es ahora cuando acertáis. No por ser más ricos, que lo sois, sino porque eligiendo en libertad, se corren menos riesgos para educar.
Hace tiempo, uno de los candidatos a presidir la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, pidió que los miembros de su gobierno fuesen coherentes con los principios que propugna el partido socialista: el uso del transporte público y elegir la sanidad y la educación pública para ellos y para sus hijos. Más coherencia, imposible.
Lo del transporte y la sanidad pública, era algo asumible. Pero cuando alguien quiere gestionar la educación de los hijos de los demás, el discurso ya no les parece tan coherente. Una cosa es defender la escuela pública, dirán ellos, y otra que el partido me toque la descendencia. Una cosa es proclamar en un mitin unos criterios y, otra, exigirme llevarlos a la práctica en la vida privada y familiar. Una cosa es predicar y otra dar trigo y en la educación de los propios hijos, hay que asegurarse de que el trigo sea de la mejor calidad.
Algunos, incluso, pedían coherencia política a los dirigentes socialistas que habían escogido, como residencia familiar, los municipios gobernados por el PP, como Pozuelo, Las Rozas, Boadilla etc. en lugar de otros pueblos gobernados por ediles socialistas y propuestos como ejemplo de modernidad y de progreso. ¡Dejemos a la gente libertad para vivir donde quiera!
A veces, se entiende la escuela dividida en “buena” y en “mala” dependiendo del adjetivo que le pongamos detrás: “pública” o “privada”. Las dos deben ser promovidas de igual modo y las dos pueden ser excelentes o deficientes, son complementarias y garantizan la libertad de elección. La educación de los hijos es tarea de toda la sociedad, encabezada por los padres, y no por el partido político de turno.
Al acabar el día, me sacudiré las manos manchadas de tiza y entre la nube de polvo que desprenden, pensaré en la sabiduría del refranero español: “Consejos vendo y para mí no tengo”.
